Futuras emisiones y cambio climático
El cambio climático en el futuro estará determinado en parte, por la cantidad de gases de efecto invernadero que emitamos, lo que a su vez depende del futuro desarrollo de la economía, la tecnología y el crecimiento de la población. El tamaño de la población, la abundancia de bienes, el consumo de combustibles fósiles y la eficacia de la energía, tendrán gran influencia en nuestras emisiones.
Fuerzas motrices
Tamaño de la población. Cada persona tiene una pauta de consumo - los alimentos que comemos, los coches que conducimos, etc. - que provoca emisiones de gases de efecto invernadero. Cuanta más gente viva en la Tierra, más emisiones. Las emisiones aumentarán más todavía, si la población creciente se ecuentra en las zomas más ricas del mundo.
Riqueza. Cuanto más ricos somos, más consumimos, y mayores son nuestras emisiones.
Consumo de combustibles fósiles. Los combustibles fósiles emiten gases de efecto invernader, mientras que las fuentes de energía renovables, como la energía eólica y la solar, no provocan tales emisiones. El uso del carbón para la obtención de energía emite mayores cantidades CO2 que el gas natural.
Eficacia de la energía. Las nuevas tecnologías permiten usar la energía de forma más efectiva. De esta forma en el futuro es más probable que necesitemos menos energía para bienes y servicios. Hoy en día, un coche usa entre un litro y litro y medio de gasolina para conducir 10 km. Los coches solían necesitar más combustible que ese; en el futuro, se esperan motores que lleguen a ser mejores en cuanto a ahorro de gasolina.
Escenarios
No sabemos seguro cómo serán en el futuro estas fuerzas motrices del cambio climático - pero podemos hacernos una idea. Los científicos del IPCC han construido cuatro imágenes muy diferentes del futuro, o como lo llaman ellos, escenarios, para representar los cambios en el tamaño de la población, la riqueza, el empleo de las fuentes de energía y la tecnología energética hasta el año 2100. Los cuatro escenaros describen la posible evolución en el futuro:
A1B – un mundo rico
Un mundo con un crecimiento económico muy rápido, lento crecimiento de la población, y rápida introducción y aplicación de nuevas tecnologías más eficaces.
A2 – un mundo heterogéneo
Un mundo con una gran diferencia entre los países ricos y pobres, grandes índices de crecimiento de la población y lento crecimiento económico. La distribución de las nuevas tecnologías es lenta y las necesidades de energía de recursos fósiles son grandes.
B1 – un mundo sostenible
Un mundo de rápios cambios. La preocupación por el medio ambiente estimulará el desarrollo de nuevas tecnologías para evitar el uso de combustibles fósiles. Se desarrollan nuevas tecnologías y se extienden rápidamente, esfuerzos por eliminar la diferencia entre ricos y pobres y se creará una economía más sólida medioambientalmente hablando.
B2 – un mundo desequilibrado económicamente
Un mundo se empeña en encontrar soluciones locales para alcanzar la sotenibilidad económica, social y medioambiental. En algunas zonas, la tecnología se desarrollarrá rápidamente, mientras que en otras estarán obligadas a emplear tecnologías antiguas.
Cómo pueden desarrollarse las emisiones de CO2 en el siglo que viene, de acuerdo con cuatro escenarios diferentes. Adaptado del IPCC. (pincha encima para verlo más grande, 60 kB)
Para cada uno de esos futuros escenarios, los científicos han estimado la cantidad de emisiones que tendrían. Estas cifras se introducen en modelos climáticos para calcular las concentraciones de los gases de efecto invernadero, temperatura, nivel del mar y el cambio climático en cada uno de los escenarios.
Estos escenariso son los que usa el IPCC para proponer un aumento de temperatura entre 1.4 y 5.8º C hasta el año 2100. Para demostrar que se han tenido en cuenta todo tipo de desarrollo del futuro, han empleado cerca de 40 variaciones de cuatro escenarios - donde hacían menores cambios en demografía, en crecimiento económico o estimaciones de consumo de energía, y han utilizado además diferentes modelos económicos. La razón por la que hay tanta diferencia entre las estimaciones de temperaturas más altas y más bajas es, en parte, porque hay algunas incertidumbres sobre cómo funciona exactamente el sistema climático, y por otra parte, porque no podemos saber con precisión lo que ocurrirá en el futuro en términos de desarrollo social y cantidades de emisión. El IPCC dice que para cada escenario hay un 40% de posibilidades de que el cambio de temperatura sea mayor que el indicado, pero sólo un 5% de que sea menor.
Estos escenarios no tienen en cuenta la posibilidad de que los países tomen medidas para reducir las emisiones del gases de efecto invernadero. Si esto ocurriera, tanto las emisiones como el calentamiento podrían ser menores
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lunes, 29 de enero de 2007
domingo, 28 de enero de 2007
Cambio climático: más problemas
El 50% de los satélites estadounidenses que siguen su evolución dejará de funcionar en 2010. Y se reducirán las misiones.
Casi la mitad de los satélites que hoy utiliza Estados Unidos para estudiar el medio ambiente dejará de funcionar en 2010, lo que producirá la pérdida de los datos que recopilan, y que se usan para estudiar el cambio climático, predecir desastres naturales y controlar la explotación agrícola a nivel global.
Según un informe del National Research Council estadounidense, la NASA y la NOAA (National Oceanic & Atmospheric Administration) deberían tener asegurados los fondos económicos para mantener los satélites actuales, las misiones previamente planeadas, así como para poder emprender un conjunto de 17 misiones nuevas entre los años 2010 y 2020.
El informe señala asimismo que la observación de la Tierra desde los satélites resulta esencial para diversas aplicaciones relacionadas con la salud humana y el bienestar de la sociedad. Estas observaciones producen información de la que parten pronósticos y modelos que la sintetizan para poder tomar decisiones de las que se obtienen beneficios sociales directos.
El estudio recomienda que el gobierno estadounidense trabaje para renovar sus inversiones en estos sistemas de observación.
Los satélites no son sólo necesarios para comprender la Tierra, sino que también ayudan a afrontar los desafíos medioambientales: la escasez de agua limpia y accesible, la degradación de la tierra y de los ecosistemas acuáticos, el aumento de la erosión de los suelos, los cambios químicos de la atmósfera, el declive de los bancos de pesca, así como los cambios climáticos.
Además, estos cambios no están aislados, sino que interactúan de una forma compleja a escalas local, regional y global. El informe señala varias cuestiones esenciales que no pueden dejar de ser analizadas por los satélites en los próximos años: a qué velocidad está sucediendo el deshielo de los polos, la localización de las áreas especialmente afectadas por la sequía, cómo continúa afectando el desarrollo económico a la producción de contaminantes del aire, o cómo los ecosistemas costeros y oceánicos están respondiendo a los cambios de las fuerzas de la naturaleza como consecuencia de la acción humana.
Además, las observaciones por satélite están en peligro. Entre 2006 y el final de esta década, el número de misiones operativas se reducirá dramáticamente en un 40% en Estados Unidos.
Casi la mitad de los satélites que hoy utiliza Estados Unidos para estudiar el medio ambiente dejará de funcionar en 2010, lo que producirá la pérdida de los datos que recopilan, y que se usan para estudiar el cambio climático, predecir desastres naturales y controlar la explotación agrícola a nivel global.
Según un informe del National Research Council estadounidense, la NASA y la NOAA (National Oceanic & Atmospheric Administration) deberían tener asegurados los fondos económicos para mantener los satélites actuales, las misiones previamente planeadas, así como para poder emprender un conjunto de 17 misiones nuevas entre los años 2010 y 2020.
El informe señala asimismo que la observación de la Tierra desde los satélites resulta esencial para diversas aplicaciones relacionadas con la salud humana y el bienestar de la sociedad. Estas observaciones producen información de la que parten pronósticos y modelos que la sintetizan para poder tomar decisiones de las que se obtienen beneficios sociales directos.
El estudio recomienda que el gobierno estadounidense trabaje para renovar sus inversiones en estos sistemas de observación.
Los satélites no son sólo necesarios para comprender la Tierra, sino que también ayudan a afrontar los desafíos medioambientales: la escasez de agua limpia y accesible, la degradación de la tierra y de los ecosistemas acuáticos, el aumento de la erosión de los suelos, los cambios químicos de la atmósfera, el declive de los bancos de pesca, así como los cambios climáticos.
Además, estos cambios no están aislados, sino que interactúan de una forma compleja a escalas local, regional y global. El informe señala varias cuestiones esenciales que no pueden dejar de ser analizadas por los satélites en los próximos años: a qué velocidad está sucediendo el deshielo de los polos, la localización de las áreas especialmente afectadas por la sequía, cómo continúa afectando el desarrollo económico a la producción de contaminantes del aire, o cómo los ecosistemas costeros y oceánicos están respondiendo a los cambios de las fuerzas de la naturaleza como consecuencia de la acción humana.
Además, las observaciones por satélite están en peligro. Entre 2006 y el final de esta década, el número de misiones operativas se reducirá dramáticamente en un 40% en Estados Unidos.
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INFORME DE LA OMS

No hay dudas: el cambio climático mundial provocará numerosos efectos en la salud humana. Y lo que ya aseguran también los científicos es que los efectos negativos superarán a los positivos. Una de las consecuencias de esta locura climática es que aumentarán las enfermedades. Incluso volverán algunas ya erradicadas.
El tema es todo un desafío. Lo dice la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su último informe sobre Cambio Climático y Salud Humana: "El sistema climático mundial integra los complejos procesos que mantienen la vida. El clima y el tiempo siempre han repercutido mucho en la salud y el bienestar de los seres humanos, pero, al igual que otros grandes sistemas naturales, el climático está empezando a sufrir la presión de las actividades humanas. Este cambio global es un nuevo reto para las actuales iniciativas encaminadas para proteger la salud".
La OMS ya estimó en 2002 que este fenómeno había sido responsable del 2,4% de los casos de diarrea en el mundo y del 6% de los casos de paludismo.
El científico argentino Osvaldo Canziani, copresidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), da cuenta de las evaluaciones de su grupo de trabajo: "Los impactos en la salud serán más negativos que positivos. Algunos cambios serán resultado de modificaciones en las frecuencias e intensidades de los extremos de calor y frío, de inundaciones y sequías. También afectará los sistemas ecológico y social, dando lugar a enfermedades infecciosas, produciendo cambios en la producción de alimentos y la adecuación nutricional, concentraciones de contaminantes del aire, además de consecuencias para la salud derivadas de desplazamientos de poblaciones. Además, la intensificación de las olas de calor acrecentará el riesgo de mortalidad en ancianos y poblaciones de menos recursos".
Entre los factores que afectarán la transmisión de enfermedades infecciosas como la malaria, el dengue, la fiebre amarilla, el paludismo y el Chagas están el aumento de la temperatura, la humedad, las lluvias y el nivel del mar. Estos factores podrían no sólo conducir a la extensión del área de influencia de estas enfermedades sino también aumentar la importancia de sus brotes.
Edgardo Marcos, subdirector del Instituto de Zoonosis Luis Pasteur, explica algunas de las razones del regreso de enfermedades emergentes vinculadas con el cambio climático: "Las altas temperaturas y el aumento de lluvias favorecen la reproducción de mosquitos, que son los vectores que transmiten las enfermedades infecciosas". Da el ejemplo del dengue, que fue desterrado en el 50 y volvió en el 98. "El dengue comenzó en Jujuy, después llegó a Misiones y ahora está en todo el norte del país, donde ya se considera endémica", dice Marcos.
También habla de la enfermedad del Nilo Occidental: "Era exótica en toda América hasta que en el 99 aparecieron aves muertas en el Central Park de Nueva York. Ahora no sólo está en todo los Estados Unidos sino que la enfermedad llegó a Argentina, donde hubo casos de humanos en Córdoba y caballos de San Antonio de Areco". Otro ejemplo por el estilo es la encefalitis de San Luis: Argentina pasó de ser país libre a tener casos en 2006.
¿En unos años el dengue, la fiebre amarilla o la malaria se instalarán en Buenos Aires? "Afirmarlo sería hacer futurología. Pero sí existen los riesgos, ya que lo que seguramente va a ocurrir es que se extienda el período de presencia de los mosquitos por el aumento de lluvias y temperatura", explica Marcos.
Si bien la capacidad científica para predecir y trazar modelos de los efectos en la salud sigue evolucionando, aún no es posible precisar y localizar proyecciones para muchas enfermedades. Sin embargo, es prioritario mejorar la infraestructura de salud pública y desarrollar medidas de adaptación. Así opina Leónidas Girardin, especialista en economía del cambio climático global: "Sí, es un problema de mucha plata, pero hay que planificar e invertir ahora porque después va a salir mucho más caro".
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Cambio climático ‘cotiza’ alto
FRANCFORT, Alemania/DPA
Un click con el ratón de la computadora puede limpiar la atmósfera, al menos de modo indirecto. Operadores bursátiles como Ingo Ramming del Dresdner Bank mueven a diario a través de todo el planeta toneladas de dióxido de carbono (CO2), el gas responsabilizado por el calentamiento global del clima.
Ramming dirige el comercio de emisiones de CO2 de la subsidiaria del banco Dresdner Kleinwort. El comercio con los derechos de emisión de CO2 se transforma cada vez más en una posibilidad de inversión.
El año pasado se comercializaron mil 100 millones de toneladas de CO2 en base a los certificados de emisión otorgados por la Unión Europea (UE) con el fin de disminuir la contaminación con gases de efecto invernadero.
"Al comenzar el comercio de emisiones hace tres años y medio se le consideraba un producto exótico, hoy día se comercializa del mismo modo que el petróleo, el gas y otras materias primas", explica Armin Sandhvel, experto en clima del Dresdner Bank. El CO2 se estuvo cotizando a hasta unos 41 dólares por tonelada, hasta la brusca caída de los valores registrada a mediados del año pasado, con lo que actualmente se paga alrededor de cinco dólares por tonelada.
"La UE emitió mucho más certificados de los que puede soportar el mercado", señala Sandhvel.
Un click con el ratón de la computadora puede limpiar la atmósfera, al menos de modo indirecto. Operadores bursátiles como Ingo Ramming del Dresdner Bank mueven a diario a través de todo el planeta toneladas de dióxido de carbono (CO2), el gas responsabilizado por el calentamiento global del clima.
Ramming dirige el comercio de emisiones de CO2 de la subsidiaria del banco Dresdner Kleinwort. El comercio con los derechos de emisión de CO2 se transforma cada vez más en una posibilidad de inversión.
El año pasado se comercializaron mil 100 millones de toneladas de CO2 en base a los certificados de emisión otorgados por la Unión Europea (UE) con el fin de disminuir la contaminación con gases de efecto invernadero.
"Al comenzar el comercio de emisiones hace tres años y medio se le consideraba un producto exótico, hoy día se comercializa del mismo modo que el petróleo, el gas y otras materias primas", explica Armin Sandhvel, experto en clima del Dresdner Bank. El CO2 se estuvo cotizando a hasta unos 41 dólares por tonelada, hasta la brusca caída de los valores registrada a mediados del año pasado, con lo que actualmente se paga alrededor de cinco dólares por tonelada.
"La UE emitió mucho más certificados de los que puede soportar el mercado", señala Sandhvel.
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